viernes, 19 de diciembre de 2014

Ser o no ser. Ésa es la cuestión

Y es que tengo un cacao que no me tengo.

Cuando ya estaba totalmente convencida de que el siguiente paso que daría sería hacerme la dichosa laparoscopia, en caso de que este ciclo con Gonal F. no funcione, me topo con un ginecólogo que me desaconseja hacerlo.

Tres semanas he tenido que esperar desde que me dieron la cita. Tres semanas comiéndome la cabeza con la dichosa operación. Y justo cuando ya había tomado la decisión de vencer mis miedos y pasar por quirófano… allí estaba él.

Es el jefe de la consulta en la que también trabaja mi ginecóloga, la Frau B., y esta vez he ido a él en vez de a ella porque también trabaja en el hospital haciendo laparoscopias y esperaba que fuera él quien me operara. Pero no, no será él. No lo será porque él sólo puede abrir para diagnosticar obstrucción de trompas o endometriosis pero en caso de encontrar adherencias no podría quitármelas. Yo prefiero, dado el caso, matar dos pájaros de un tiro, claro, así que he preferido que me dé un volante para el hospital.

Él mismo hizo la cita con el hospital para un Erstgespräch y mientras marcaba y esperaba a que lo cogieran me estuvo haciendo preguntas para tranquilizarme: que de dónde era, que cuántos años llevaba en Alemania, que por qué quería hacerme la laparoscopia…

Y ahí es cuando salió el tema: ¿Es o no es razonable hacerse una laparoscopia cuando se lleva tiempo buscando bebé? ¿No es lo que me han recomendado hasta ahora todos los médicos con los que me he topado hasta ahora en los últimos dos años y medio que llevo, sin éxito quedarme embarazada?

Pues, en su opinión, lo de la laparoscopia no es nada más que una gilipollez que se han sacado de la manga los médicos que no tienen ni idea de por qué muchas no nos podemos quedar embarazadas y que se niegan a reconocer su ignorancia. Dice que hasta hace unos años nadie hablaba de obstrucción de trompas o endometriosis pero que ahora en cuanto te descuidas te mandan hacértela y que en la mayoría de los casos sigue sin encontrarse causa alguna para la infertilidad. Palabras textuales: “si usted no ha tenido nunca antes infecciones uterinas ni en las trompas, la probabilidad de que usted padezca endometriosis o tenga las trompas obstruidas es menor al 10%”.

“¿Entonces cuál podría ser la causa?”, le pregunté.
 “Pues ni idea”, contestó él, “podría ser estrés, malos hábitos de vida, cualquier cosa, pero me apuesto con usted lo que quiera a que cuando se haga la laparoscopia le dirán que no tiene ni lo uno ni lo otro”.

Y yo le creí. De verdad que le creí.

Por su edad y su forma de ver las cosas (tan “easy”) pensé que tenía muchísima experiencia y que era el ginecólogo que habría necesitado la primera vez que fui a uno en este país. Quise creer que, de haber sido así, él habría compartido conmigo ideas conspiratorias sobre la industria farmacéutica y me habría recomendado utilizar métodos anticonceptivos naturales. Lástima que no fuera así, y cayera, hace ya más de siete años, en las garras de la Doctora O.   

“Entonces”, dije yo, “¿me recomienda que me haga la in vitro sin antes hacerme una laparoscopia? ¿No pondrá problemas mi seguro a la hora de pagarla?”

“Sin duda es lo que yo haría. Hable con su seguro y a ver qué le dicen”, contestó.

No esperé a hablar con mi seguro. Llamé al KiWuZe directamente y le solicité una cita inmediatamente para informarnos sobre la in vitro. En los próximos días, incluso, recibiremos por correo el “plan de acción” que hay que enviar al seguro médico para que se hagan cargo de una parte del importe.

El 30 de diciembre iré al hospital de todas formas a informarme sobre la laparoscopia y espero entonces despejar todas mis dudas y tomar una decisión definitiva.

Pero eso será el día 30, y hasta entonces no pienso perder ni un solo minuto de mi vida en pensar en ello. Más que nada porque acabo de coger las vacaciones y me voy a España a visitar a la familia.

¡Feliz Navidad!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Visita al endocrino (I)

Hacía ya muchísimo tiempo que quería escribir esta entrada pero por algún motivo he sido incapaz de hacerlo hasta ahora. Supongo que al principio pensar en ello me causaba mucho dolor, después entré en la  fase veraniega en la que preferí ignorar el tema y ahora… Ahora no sé si lo recuerdo suficientemente bien como para contar con todo detalle lo que pasó en la consulta del endocrino. Pero lo voy a intentar.

Allá por abril de este año, cansada de visitas varias a diferentes ginecólogos y KiWuZe, decidí que era el momento de pedir cita para ver a un endocrino. Conozco a varias personas que han ido en España a uno y siempre han salido contentas, así que pensé que ir a uno aquí sería un éxito seguro.

El primer problema con el que me encontré fue que en esta ciudad sólo hay dos clínicas de endocrinología y desde que llamas para pedir una cita hasta que te la dan es normal que pasen unos meses. En mi caso fueron tres meses, que se me hicieron eternos.

Pero el gran problema al final no resultaron ser esos tres meses que tuve que esperar para la dichosa cita, el gran problema fue que la visita al endocrino fue de lo más frustrante (de nuevo).

Pasé semanas preparando la cita y fotocopiando todos los resultados que tenía de los análisis clínicos que me había hecho en los dos últimos años: que si los estrógenos, que si la progesterona, que si la vitamina D, que si la tiroides… Preparándome psicológicamente para el gran momento que cambiaría mi vida (¡ja!) y repasando en mi mente el discurso que pensaba soltarle de carrerilla en cuanto me preguntara “¿qué puedo hacer por usted?”.

Y llegó el día. El gran día.

Me encontré con mi marido en la puerta de la clínica para subir juntos a la consulta. Cuando entramos, el personal de recepción nos recibió, con una simpatía inusual en este país, y nos indicó que rellenáramos un formulario (con datos personales e historias clínicas). “Todo va a salir bien”, nos dijimos mi marido y yo.

Y entonces, cuando ya llevábamos un rato en la sala de espera, apareció.

Frau Doktor M. se llamaba. Delgada (en realidad demasiado delgada para su altura y edad), con el pelo cortísimo y cortado a cepillo (tan típico de las alemanas de mediana edad), maquillada (a lo ochentero) y vestida con unos pantalones de pitillo turquesas (demasiado largos para ser piratas y demasiado cortos para ser normales), su bata de médico por encima y, si no recuerdo mal, zapatos de tacón. 

Todo esto no me molestó en su momento, la verdad, pues soy de la opinión de que cualquiera puede vestirse, peinarse y maquillarse de la manera en que le dé la gana y que se puede ser bueno en su trabajo aunque se vaya hecho un adefesio. Pero reconozco que verla aparecer así, y no sólo por su apariencia sino también por su forma de moverse, ya me creó una inseguridad que todavía me arrolla cuando pienso en ella.

Pero no acabó ahí todo. Entonces llegó el momento en que abrió la boca para llamarme…

“¿Frau Cigüeña Blancaaaaaa?”

… y lo hizo con un tono de voz tan antipático, que según entró por mis oídos, un sentimiento de “se acabó, todo va a salir mal otra vez” fue abriéndose paso por todo mi ser, haciendo temblar mis extremidades, erizando todo el vello de mi cuerpo, haciéndome muy, muy, muy pequeña ante un ser tan monstruoso.

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Fuente: "Ahí te quiero ver", de Rosa María Sardá

“Por aquí”, nos dijo, haciendo a la vez un gesto con las cejas para mostrarnos el camino. Llegamos a su despacho, nos sentamos y… allí estaba yo, en la silla, enfrente de ella, sin poder decir ni una palabra. Llegó la gran pregunta para la que yo había practicado tanto tiempo y, por muchas veces que abriera la boca, por muchas veces que pensara “ahora sí voy a ser capaz de contárselo”, no pude articular palabra. Alles weg!

Entonces mi marido me intentó echar un cable, empezó a contarle por qué estábamos allí, cuánto tiempo llevábamos intentando quedarnos embarazados, por cuántos médicos habíamos pasado ya… cuando, de repente, salió de mi boca la frase de la discordia:

“Estoy harta de que los médicos me echen la culpa a mí diciéndome que tengo un problema psicológico, nadie me toma en serio”

Y en cuanto lo dije sabía que había metido la pata, que ya no había vuelta atrás.

El torbellino M. empezó a girar por el despacho, haciendo volar todos los papeles que estaban sobre su mesa, alborotando mi pelo, que había peinado tan sólo unos momentos antes para causar buena impresión,

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Fuente: "Los otros", de Alejandro Amenábar

y su voz, tronando en mis oídos y dejándome fría como el hielo, me advirtió:

“Si se atreve a decir que yo no tomo a mis pacientes en serio, hemos terminado, se va usted ahora mismo de aquí y se busca otro endocrino”.
    
Fuente: Harry Potter

Y ahí fue cuando me eché a llorar.

“Rebobina, Cigüeña. Recula. Discúlpate y pídele una oportunidad”. Y así lo hice.

Al final, conseguí expresarme y le hice saber que estaba harta de que todos los médicos le dieran sólo importancia a un positivo que nunca llegaba, a una laparoscopia que me negaba a hacer, a una in vitro que yo veía, de momento, innecesaria. Harta de que a nadie le interesara que mi libido me hubiera abandonado cuando empecé con la píldora ni que estuviera a punto de volverme loca por este motivo. No, señora, no es que se me haya ido la libido porque tengo depresión, es que tengo depresión porque se me ha ido la libido. ¿Cómo es posible que nadie lo entienda?

Y me habría gustado saber que la Frau Doktor M. había entrado en razón, que por fin alguien entendía mis deseos pero… no fue así.

Lo único que hizo fue darme la razón como a los locos. “¿Que quiere usted hacerse unos análisis y ver cómo están sus hormonas? ¡Pues se los hacemos, claro está! ¿Que quiere usted un Ultraschall de su tiroides? ¡Inmediatamente, sin dudarlo!”

En el Ultraschall de la tiroides me vio dos nódulos fríos de pequeño tamaño y me dijo que no había por qué preocuparse (¿¿¿seguro????) y que no veía necesario un tratamiento con yodo.

Y tras hacerme los análisis de sangre pertinentes y darme una cita telefónica para una semana después, me mandó a casa.

Y allá que me fui, eso sí, con la certeza de que nuevamente había fracasado.

La semana pasó y cogí el teléfono para llamarla y que me diera los resultados de los análisis. Todavía quedaba en mí una pequeñísima esperanza de que encontrara alguna hormona descompensada como causa de mi falta de libido pero… nada, todo en orden.

“¿Y la tiroides?”
In Ordnung
“¿Y los estrógenos?”
In Ordnung
 “¿Y la progesterona?”
“También, in Ordnung
”Pero la Doctora T. del KiWuZe me dijo en su último email que algo andaba mal con mi progesterona”

Y, de nuevo, me dio la razón como a los locos.

“¿Que quiere usted progesterona porque cree que la tiene baja y es por eso que no tiene libido? Pues tome una receta. ¿Que le parece que una pastillita diaria es demasiado poco y prefiere tomarse dos? ¡Pues tómese dos, claro está!”.

Y eso es lo que hice. Recogí mi receta y, durante el verano, cuando supuestamente me iba a tomar un descanso de tanto médico y tanto pensar en la infertilidad, me tomé dos pastillitas diarias de Utrogest.

¿Que si me ayudaron? Pues claro que no. ¿Pero es que acaso pensabais que lo haría?

Y cuando después de esos tres ciclos tomando progesterona la llamé para contarle cómo me había ido, supe que ésa sería la última vez que hablaba con ella, que no tenía ningún sentido seguir con ella, porque ella tampoco iba a ser capaz de ayudarme, porque aunque había sido injusta al prejuzgarla cuando la conocí, al final sí resultaba ser como los demás: “No podemos hacer más por usted”.

Y ése fue el día en que tomé nuevas decisiones:

1ª) Voy a volver al KiWuZe y empezar mi último tratamiento G+O+D con relaciones programadas.
2ª) Voy a pedir cita para una laparoscopia.
3ª) Vamos a hacernos una in vitro.
4ª) Voy a tener a mi bebé en el 2015.

De momento, voy por la número uno.

Y ya me gustaría a mí llegar a la número 4 sin pasar por la 2ª y la 3ª.

A ver qué pasa.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Me rindo

Ha llegado el momento de sacar la cabeza de debajo de la tierra y afrontar el problema de la infertilidad.

Me rindo.

Por mucho que siga pensando que mi problema es hormonal y que los médicos no se molestan en solucionarlo porque prefieren mandarme a hacerme una in vitro y sacarse así un buen pellizco, me rindo.

Éste es mi último ciclo de relaciones programadas. El último ciclo de la fórmula mágica G+O+D.

Si esta vez vuelve a no funcionar, en cuanto pueda pasaré por quirófano y me dejaré hacer una laparoscopia (entiéndase lo de “dejarse hacer” no como un germanismo o anglicismo sino como mi rendición).

Y tengo miedo. Mucho miedo.

Nunca en mi vida me han operado de nada, ni me han puesto anestesia total. Nunca en mi vida he estado en un quirófano ni en la cama de un hospital.

Y sólo de pensarlo me entran ganas de llorar.

Tengo miedo de que algo salga mal y no vuelva a despertarme jamás, miedo de que me duela antes, durante o después de la operación, pero sobre todo, más que miedo, lo que siento es impotencia, vergüenza, frustración,

De saber que he perdido y que no tenía razón. Que nada ha funcionado por mucho que me haya dicho siempre que iba a demostrarles a los médicos que no tenían ni puta idea y que yo sabía que lo mío se arreglaba con unas pastillitas aquí y otras pastillitas allá.

De rendirme y de permitir que los médicos alemanes sigan haciendo negocio con los tratamientos innecesarios sin haber comprobado antes todo lo que se podría comprobar.

Y, de nuevo, miedo. Miedo de que los resultados de la laparoscopia no muestren lo que los médicos esperan y de nuevo se crucen de brazos y no sepan cómo proseguir.

Pero sobre todo, miedo de quedarme de nuevo sin ser madre.

lunes, 17 de noviembre de 2014

¿Soy una mala persona?

En mi entrada Cruzando los dedos os hablaba de mis dos amigas que estaban a la espera de saber si estaban embarazadas después de un tratamiento de fertilidad.

Perdonadme que no os cuente hoy cómo se está desarrollando todo, pero es que soy bastante supersticiosa para estas cosas y tengo un miedo terrible a que todo se vaya al garete por mi culpa. Ya sabéis que Murphy es mi mejor amigo y que su ley a menudo rige mi vida. Pero sí, algún día de estos os contaré qué tal les va.

Hoy lo que quiero es daros las gracias por vuestros comentarios y por todos los ánimos que nos habéis mandado y, sobre todo, por cruzar los dedos conmigo. ¡Muchas gracias!

Pero también hoy me gustaría hablar de algo que me ha hecho pensar al leeros. Y es que parece que las infértiles tenemos algo más en común que la dificultad para ser mamá.

Parece que somos muchas las que nos convertimos en malas personas (como alguna de vosotras dice) cuando somos incapaces de quedarnos embarazadas y recibimos noticias de otras mujeres que están en estado de buena esperanza.

En algunos de vuestros comentarios y en muchos otros que he leído en diferentes blogs se habla de este fenómeno. De hecho, a algunas de vosotras les sorprendió que yo escribiera una entrada en mi blog expresando mis buenos deseos para que el embarazo de mis amigas llegara a buen fin.

Pero… ¿¿¿por qué???

Bueno, yo reconozco que no me alegro de los positivos de todas las que me cuentan que se han quedado embarazadas. Y sí, a veces hasta me da rabia que algunas se hayan quedado a la primera aunque todavía ni siquiera se habían planteado quedarse tan rápido.

Amigas que se han casado más tarde que yo, que llevan muchos menos años con sus parejas o que son mucho más jóvenes que yo son algunas de las víctimas de mi rabia.

Pero la peor noticia que recibí fue la de una de mis mejores amigas, a la que conozco desde la infancia y quiero con toda mi alma. Abrió la veda sin preocuparse de nada: No dejó de beber, no dejó de fumar, no tomó vitaminas, no empezó a comer bien, en definitiva, no hizo nada de nada para que su cuerpo se convirtiera en un nido confortable para el bebé que estaba a punto de concebir. Y yo veía su vida y pensaba “ésta es una candidata infértil”, “será otra compañera de batallas”, “otro hombro donde llorar”… Y de repente, su mensaje: “¡¡¡estoy embarazada!!!”

Y yo lo único que pude hacer, además de alegrarme de que me lo dijera por whatsapp y no en persona, es ponerme a llorar. No puedo decir si era rabia, odio, envidia, pero alegría seguro que no era.

Y lo pienso ahora y sé que en ningún momento he creído que no se lo mereciera, pero todavía, casi dos años después, cuando pienso en ella y en su precioso bebé, sólo siento una punzada en el estómago y unas ganas horribles de llorar.

¿Por qué soy tan mala persona?

¿Por qué no soy yo la que se ha quedado embarazada?

¿Qué hecho yo para merecer esto?

Y sí, todos estos pensamientos se repiten cada vez que me entero de que alguna se ha quedado embarazada antes que yo sin “merecérselo”.

Pero cuando se trata de  buenas amigas, que llevan tanto tiempo intentándolo, luchando por su sueño y sufriendo tanto como lo he hecho yo, al final sus luchas son mis luchas, sus sueños son mis sueños y sus positivos son mis positivos y cuando esto ocurre, yo quiero saltar de alegría de la misma manera que lo hacen ellas.

¿Pero significa eso ser mejor persona?

Pues a lo mejor no.

A lo mejor alegrarse con ellas porque la técnica empleada ha funcionado puede ser también un síntoma de egoísmo.

Si quiero rizar el rizo puedo pensar que esta alegría que siento por ellas es también porque creo que, si ellas lo han conseguido, la posibilidad de que yo lo consiga es también más alta. Cada batalla ganada por ellas puede ser una batalla que pueda ganar yo cuando entre en juego también. Una técnica que ha funcionado con ellas, cuando ya estaban a punto de tirar la toalla y empezar a pensar en la adopción, también podría funcionar conmigo, ¿o no?

Y lo dicho, todo esto sólo si quiero rizar el rizo, porque aunque muchas no os lo podáis creer, mi entrada Cruzando los dedos fue sincera, mis deseos de que mis amigas tengan un embarazo satisfactorio y tengan a un bebé saludable no tienen nada (vale, vale, casi nada) que ver con un deseo oculto de que lo que con ellas ha funcionado también funcione conmigo, en definitiva, …

¡Yo no soy mala persona!

Y estoy segura de que vosotras tampoco lo sois.

Sólo es que no podemos evitar sentirnos mal cuando recibimos este tipo de noticias. Es mayor el dolor que sentimos por no ser nosotras las agraciadas que la alegría que sentimos por ellas, pero eso no quiere decir que seamos malas personas. Eso sólo significa que somos personas sufrientes y que, cuando sufrimos, el resto del mundo nos la trae al pairo. Su dolor es quizás también nuestro dolor, pero sus alegrías son nuestro dolor también.

No os sintáis mal por sentiros como os sentís. No tengáis remordimientos de conciencia. Vosotras no sois malas personas tampoco, es la infertilidad la que nos hace comportarnos así. Ya veréis cómo nos libraremos también de estos malos sentimientos en cuanto nos libremos de la infertilidad.

Y mientras esto no ocurra, y si lo que queréis es dejar de sentir rabia y sentir alegría, ya sabéis, siempre podéis ser egoístas y pensar que si estas amigas han conseguido hacer realidad su sueño con tal o cual técnica, la probabilidad de que vosotras también lo consigáis es también más alta. ¡Ahí tenéis un motivo para alegraros!

Eso sí, con esto no os garantizo que os convirtáis en mejores personas pero… ¿quién ha dicho que tengamos que hacerlo?

martes, 11 de noviembre de 2014

inviTRA

Hace algunos días me encontré con un vídeo en el que Jacqueline de la Vega hablaba de lo mucho que tuvo que sufrir hasta hacer realidad su sueño de ser madre, de los numerosos tratamientos a los que tuvo que someterse y de las graves consecuencias que tuvo que afrontar a causa de la gran cantidad de hormonas que le fueron administradas hasta conseguirlo.

Con esta intervención promocionaba inviTRA, la feria de reproducción asistida que se celebraba por aquel entonces en Valencia.

Este fin de semana, es decir, desde el 14 hasta el 16 de noviembre, vuelve a celebrarse pero esta vez no será en Valencia sino en Madrid.

He estado leyendo algunas cosas en su página web y automáticamente me he preguntado si algunas de vosotras asistiréis o si conocéis a alguien que lo haga.

Yo, está claro, no asistiré. Y no sólo porque me pille bastante lejos y no tenga la posibilidad de ir, sino también porque no estoy preparada todavía para salir del armario. Una cosa es escribir un blog, escondiéndome detrás de un pseudónimo, y otra es dar la cara en un congreso dedicado a este tema del que yo, para ser sincera, reniego.

Me la imagino como la típica feria de turismo en la que los expositores sólo quieren ganar clientes y para ello los hinchan a publicidad, que si pegatinas, que si bolis, que si una tómbola… Todos prometiéndoles que en sus clínicas alcanzarán lo inalcanzable, llenándolos de ilusiones y esperanzas… No, gracias.

Pero es verdad que en la web la feria parece muy atractiva. Habrá un gran número de charlas en las que los expertos en la materia expondrán diferentes temas relacionados con la infertilidad y, como su nombre indica, con la reproducción asistida y después de cada charla habrá un tiempo de ruegos y preguntas. Interesante.

Yo creo que me he informado suficiente en los dos últimos años sobre la reproducción, asistida o no, y creo que en inviTRA no encontraré respuesta a mis preguntas. Por otro lado, viviendo en Alemania, dudo que elija una clínica española para someterme próximamente a un tratamiento de fertilidad.

Además, creo que me daría un miedo terrible asistir y que me viera alguien conocido o, incluso, salir en televisión. En su web aseguran que no permitirán la entrada con cámaras de vídeo o de fotos pero ya sabemos que este tipo de ferias suelen salir en los informativos. Ah, ¿y los móviles?

Bueno, que no, que no asistiré. ¿Y vosotras?

viernes, 7 de noviembre de 2014

Mi barriga y yo

Estoy que no sé si ponerme a llorar o matar a alguien.

¿Recordáis que os conté que creía que tenía más barriga desde que empecé a tomar el Utrogest(an)? Pues ya no lo creo, me lo han confirmado.

Y es que el otro día salía de casa dispuesta a hacer la compra y me encontré a una vecina que debe de pensar que me encantan los small talks porque siempre que me ve me para y me cuenta lo primero que se le pasa por la cabeza.

Vale, ya veis que muy bien no me cae pero… ¡¡es que ahora me cae mucho peor!!!

Y es que sólo fue una conversación de dos minutos pero dos minutos en los que la muy idiota no paró de mirarme la tripa. Al principio lo hizo sólo un segundo, con cara de extrañeza, pero después, ni corta ni perezosa no paraba de mirarme abajo y arriba, abajo y arriba y con cara de interrogante como diciendo “¿quieres contarme algo?”. Debió de pensar que no entendía de lenguaje corporal y empezó a moverse más exageradamente, a sonreír y a taparse la boca con gesto de sorpresa y ahí fui yo la que puso cara de extrañeza creyendo que se daría cuenta de que estaba metiendo la pata y que dejaría de comportarse como una idiota.

Pero no, ahí demostró que la que no tiene ni idea de lenguaje corporal es ella y siguió en sus trece, sonrisita, miradita abajo, subida de cejas interrogantes… Y ahí me harté.

Le puse mirada de odio, me llevé el dedo índice a la sien (no es verdad, en realidad hice el gesto que se hace en Alemania para estos casos) y le hice saber que me parecía que se estaba volviendo loca. No le di pie a disculparse ni a aclarar el malentendido, me giré sobre mis talones y eché a andar sin mirar atrás. Allí debí de dejarla preguntándose qué había hecho mal.

Y os aseguro que no seré yo quien se lo explique.

Pasarán las semanas y quizás los meses y se dará cuenta ella solita de que la barriga no sigue creciendo. Será ella la que diga “tierra, trágame” cuando vea la cagada que ha hecho.

Yo, de momento, evito encontrármela de nuevo en la escalera. Y el día que no tenga más remedio que hacerlo no sé cómo reaccionaré.

Eso sí, yo ya me he puesto a dieta, aunque soy consciente de que por mucha dieta que haga, si esta barriga es otro efecto secundario de las hormonas no me va a desaparecer así por así.

Tendré que volver a las chaquetas anchas y a ir metiendo tripa siempre que salga por la puerta de casa. Así la tonta de mi vecina no podrá amargarme de nuevo la semana aunque los demás acaben preguntándose por qué voy a todas partes con cara de aguantarme las ganas de ir al baño.

viernes, 31 de octubre de 2014

Efectos secundarios del Utrogest(an) (II) - Zwischenblutung (II)

Este último ciclo ha dado mucha guerra también. Es el primero después de haber dejado el Utrogest(an), que estuve tomando tres ciclos durante el verano y que aunque al principio no lo parecía luego resultó que me dejó hecha polvo.

Bueno, pues incluso este ciclo en el que no he tomado nada más no he dejado de sentirme extraña.

A veces, incluso, todavía sigo pensando que mis pechos no han vuelto a su tamaño normal (tamaño normal después de empezar a tomar la píldora, pero tamaño pequeño si los comparamos con cómo los tenía antes de empezar con ella).

El mal humor, por suerte, sí se me pasó y ya no he vuelto a discutir con mi marido.

Pero el día 15 del ciclo empecé a manchar y no dejé de hacerlo hasta que me desapareció la regla el día 6 del ciclo siguiente. Tuve días en los que me asusté bastante porque no era un manchado como otras veces en el que el flujo se torna rosáceo, pasa a ser marrón, vuelve a rosado y acaba desapareciendo sino que esta vez empezó siendo una sangre roja (pero roja de verdad) que durante cuatro días se alternó con coágulos de gran tamaño y/o con hilillos finos de color marrón. Después de esos cuatro días llegó ese famoso flujo rosáceo/marronáceo y tres días más tarde me bajó la regla, convirtiendo este ciclo, con 22 días, en otro de los más cortos de mi vida.

La regla fue, como de costumbre desde que empecé a tomar la píldora en el año 2007, más bien corta y con poco flujo. Y me dejó, como ya os he dicho, unos días de manchado.

Ha sido un engorro de ciclo. Ya no sólo por el rollo que es estar prácticamente dos semanas manchando o sangrando sino también por todo lo que se me pasó por la cabeza durante esos días.

Llegué a preguntarme de todo.

Lo primero que me dije el “keep calm” que tan de moda estaba hasta hace poco.

Después: “¿¿¿Cuándo coño voy a parar de sangrar???”

Otro pensamiento: "¿Será que tenía endometriosis y me estoy librando de ella poco a poco a través de mi vagina? ¿Tendré que hacerme la dichosa laparoscopia?"

Y otro más: "¿Tendré un quiste? ¿Habrá que operarme?"

Días más tarde y sobre todo al ver los coágulos tan grandes: “¿Y si estos coágulos son mi bebé porque conseguí quedarme embarazada el ciclo anterior, la breve regla que tuve era en realidad un sangrado de implantación y ahora estoy teniendo un aborto químico???”

Y de nuevo: “keep calm!!!!!!!!”

Y aunque no os lo creías, he conseguido llegar hasta hoy sin volverme loca e, incluso, sin hacerme un test de embarazo, que con lo caros que están prefiero usarlos cuando de verdad hagan falta.

Eso sí, enfadada estoy mucho y con razón, ya que lo de los sangrados es también otro de los muchos efectos secundarios que tiene la progesterona y que el laboratorio que la comercializa ha vuelto a olvidar incluir en su prospecto. ¿Y quizás sólo para que nos comamos la cabeza cada mes?

Suma y sigue.

¿Qué será lo próximo?

viernes, 24 de octubre de 2014

Cruzando los dedos

No, no, no, ya os dije que hasta noviembre no pensaba volver al KiWuZe, así que esta vez no os voy a pedir que crucéis los dedos por mí. Esta vez soy yo la que lleva semanas cruzando los dedos por otra. En realidad, por otras.

Y es que en mi círculo de amistades no soy yo la única con problemas de fertilidad, mejor dicho, de infertilidad, tampoco la única que ha tenido que visitar un KiWuZe para intentar cumplir su sueño de la maternidad.

Una de mis mejores amigas aquí, alemana, perdió a su bebé en los primeros meses de gestación hace ya cuatro años. Fue muy duro, como os podéis imaginar, pero lo más duro realmente es que desde entonces no ha conseguido volverse a quedar embarazada. Bueno, ahora sí, pero no os podéis imaginar cuánto le ha costado. O sí.

Cuatro años de ir a ginecólogos, clínicas, de pastillas, cápsulas, inyecciones, laparoscopia, más ginecólogos, más clínicas, más pastillas, más cápsulas, más inyecciones… Y justo ahora, después de cuatro años y después de cuatro invitros… beta positiva.

Durante estos cuatro años hemos hablado mucho, hemos soñado mucho, hemos llorado mucho, nos hemos preocupado mucho, nos hemos dado miles de ánimos, nos hemos cruzado los dedos y ahora, después de cuatro años, cuando ella tiene por fin su beta positiva y yo quiero gritar de alegría porque por fin lo ha conseguido, me doy cuenta de que ella todavía no puede alegrarse y me pide que no descruce los dedos todavía. “Esto no ha hecho nada más que empezar”, me dice. “Yo ya he pasado una vez por esto y sé que esto aún no significa nada”. ¡Y cuánta razón tiene!

La beta es el primer peldaño de una casi interminable escalera que se tarda unas 40 semanas en subir. Ayer tenía su primera ecografía y todavía no sé cómo le fue. ¿Habrá llegado con éxito al segundo peldaño? Espero de todo corazón que así sea. Espero y deseo con todas mis fuerzas que después de los cuatro años de lucha todo el sufrimiento haya por fin merecido la pena y que llegue al final de las cuarenta semanas con un resultado feliz porque nadie se le merece más que ella (y esto está claro que es un decir, porque todas nos lo merecemos, ¿o no?).

La otra persona por la que también tengo los dedos cruzados es mi amiga en la distancia. Acaba de someterse a su primera invitro después de dos años de búsqueda y aún está en la betaespera. Como intenta no obsesionarse con el tema (cosa que me parece imposible) y me ha pedido que no hablemos de ello para no comerse más el tarro, quiero desde aquí hacerle saber que está todos los días en mis pensamientos y que espero también de todo corazón que la búsqueda haya llegado a su fin y que ya esté ella también con los dos pies en el segundo peldaño de la escalera.

Y por vosotras, claro, también por vosotras tengo los dedos cruzados. Para que también vosotras cumpláis pronto vuestro sueño y podáis pronto abrazar a vuestro pequeñín, para que podáis por fin dejar de escribir vuestros blogs infértiles y podáis comenzar otros donde vuestros niños sean los principales protagonistas y no vuestra búsqueda, vuestro sufrimiento, vuestros llantos, vuestro dolor.

Todas nos lo merecemos y por eso, aquí estoy yo, apretando los dedos por cada una de nosotras. Espero de verdad que sirva de algo.

viernes, 17 de octubre de 2014

Cumpleaños infeliz

Esta semana ha sido mi cumpleaños. Dos más y habré cumplido los cuarenta.

Cuarenta… Este número ha estado atormentándome toda la semana y cuando llegó el día, aunque para muchos parecía un motivo de felicidad, yo no pude hacer otra cosa que echarme a llorar.

No podía dejar de pensar en que mi madre me había tenido a mí a esa edad, con la diferencia de que ella ya tenía entonces hijos adolescentes y yo todavía no tengo ninguno.

¿Por qué esperamos tanto? ¿Por qué no empezamos la búsqueda a los treinta? ¿Por qué la vida es tan injusta?

¿Cómo he sido capaz de traicionar mis sueños?

Mi sueño, siempre el mismo: “tener (tres) hijos”. Toda mi vida he pensado que no hay nada mejor que los niños y nunca en mi vida he imaginado hacerme vieja sin una familia propia.

De pequeña siempre jugaba con los hijos pequeños de los vecinos, y cuando me hice mayor, siempre era yo el único adulto que entretenía a los niños en las fiestas familiares.

Mi sueño, siempre el mismo: “Cuando tenga 25 años tendré a mi primer hijo”. Cumplí los 25 y, lástima de mí, me vi compuesta y sin novio pero no perdí la esperanza.

Años después conocí a mi segunda pareja “formal” y me dije: “en 2005 seguro que será el momento perfecto”. Pero llegó el año 2005 y volví a verme compuesta y sin novio, después de romper con él.

Y fue poco después cuando acepté el trabajo en Alemania y encontré a mi media naranja que me dije: “esta vez sí que sí” pero entonces no fue la ruptura lo que me separó de mi sueño de ser madre sino los éxitos laborales que nos esperaban y a los que ninguno de los dos quería renunciar por el momento. Decidimos esperar un poco y…

Y ya sabéis lo que pasó.

Esta semana he cumplido 38 años. El pánico se ha apoderado de mí y la culpa me devora las entrañas. Pero… ¿a quién culpar cuando soy yo la que se ha traicionado a sí misma?

¿Lograré perdonarme algún día?

Ahora sólo me queda esperar que en mi próximo cumpleaños me haya despertado de esta pesadilla y pueda por fin abrazar a mi primer hijo.

viernes, 10 de octubre de 2014

¡Me han dado un premio! (2)

Vaya, vaya, ¡qué sorpresón! Cierro el “chiringuito” por vacaciones durante unas semanas y cuando vuelvo me encuentro con que me han dado un premio. ¡Otro!

¡Estoy que no me lo creo!

Siento tener que decir que no sé quién es el creador de este premio y también que no es nada fácil recogerlo (por el hecho de tener que nominar a 11 blogs con menos de 100 seguidores e “inventarse” 11 preguntas más), pero le agradezco de todo corazón a Birgitte, de http://aventurasydesventurasdeunaprimeriza.blogspot.com.es/, que me haya nominado.

El premio se llama Liebster Award y éstas son sus reglas:


Vamos allá con mis respuestas a sus preguntas…

1. ¿Cuándo supiste que querías ser mamá?
Lo he sabido siempre. Jamás me he imaginado un futuro sin hijos.
 

2. ¿Tu pareja tenía claro el ser padre?
Sí, creo que para él también ha estado claro siempre que quería tener hijos.

3. ¿Tienes mascota, cómo afecta/afectará al bebé?
No tengo mascotas, no porque no me gusten sino porque viajo mucho y me daría mucha pena tenérselas que dejar a alguien en los largos periodos en los que no estoy en casa. Nunca me he planteado si una mascota afectaría a un bebé, pero las experiencias de algunos amigos me han demostrado que no hay por qué preocuparse.

4. ¿Crees que es bueno estimular al bebé?
Por supuesto.

5. ¿Lactancia materna/artificial exclusiva hasta los seis meses o introducción de alimentación complementaria antes?
No sé cómo lo haré cuando tenga hijos. Por ahora creo que lactancia materna y alimentación complementaria según lo vaya pidiendo/aceptando el bebé.

6. ¿Qué deseas enseñar a tus hijos?
Muchísimas cosas pero la primera de ellas es que el dinero no es lo más importante en esta vida. Valores sociales, el sentido de la justicia, respeto por la naturaleza, los animales y otros seres humanos, disfrutar más de la vida y no matarse a trabajar por ser codicioso… Y muchas cosas más pero todas de ese rollo, ya aprenderá de la sociedad cosas peores. Si fuera niña, además, le enseñaría a saber decir "no", a vivir su sexualidad de forma natural, sin necesidad de usar conceptivos hormonales.

7. ¿Le pondrás/pones dibujos animados "de los de antes"? (David el Gnomo, Heidi...)
¡Claro, no pensarás que les pondré los dibujos tan horribles que ponen ahora!

8. ¿Qué papel esperas que tengan los abuelos en la vida de tus hijos?
Por desgracia, tanto mis padres como mis suegros viven bastante lejos de nosotros y por ahora no entra en nuestros planes mudarnos. Pero sí, me parece que los abuelos deberían desempeñar un papel muy importante en la vida de los nietos (y no hablo de que tengan que cuidar de ellos como hacen muchos) así que… ¡imagino que tendremos que enseñarles a los abuelos a usar el Skype!

9. ¿Te has sentido juzgada por otras mamás?
Supongo que esta pregunta se refiere a cuando ya has sido madre. Como yo no lo soy, imagino que no tengo que responder. De todas formas, en la sociedad actual, donde todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre los demás, sí, supongo que en más de una ocasión me he sentido juzgada.
 
10. ¿Qué haces en tu tiempo libre?
Leer, ir al cine, algo de deporte, quedar con amigos, navegar en internet, escribir mi blog…

11. ¿Niño o niña?
Niño y niña.

Y ahora vamos con mis nominaciones. And the winner(s) is (are)…


Y ahora con mis preguntas (algunas ya las planteé en “Sueño roto”)…

1. ¿Usaste anticonceptivos hormonales antes de comenzar la búsqueda de bebé?
2. ¿Qué efectos secundarios notaste con ellos?
3. ¿Mejoraron al dejarlos?
4. ¿Te has sometido a una laparoscopia?
5. ¿Estaban tus trompas obstruidas o padeces de endometriosis?
6. ¿Cuánto tiempo necesitaste hasta conseguir el embarazo?
7. ¿Cómo explicaron los médicos la falta de embarazo?
8. ¿A cuántos (y a qué) tratamientos de fertilidad te has sometido?
9. ¿Qué tipo de seguro médico tienes?
10. ¿Te cubre tu seguro médico los tratamientos de fertilidad?
11. En caso de tener ya un primer hijo, ¿volverías a someterte a un tratamiento de fertilidad para tener un segundo hijo?

¡Muchas felicidades a las nominadas!

lunes, 6 de octubre de 2014

Efectos secundarios del Utrogest(an)

Para seros completamente sincera, os confesaré que del todo, del todo no he dejado el tema infértil durante el verano. 

Ya os conté en “Cerrado por vacaciones” que el mismo día que me bajó la regla le escribí un email a la Doctora T. y le dije que tiraba la toalla como poco hasta que llegara el otoño, que quería disfrutar del verano y no tener que preocuparme por el tema. Además, que lo de llevarme las inyecciones a la playa no lo veía factible…

Tardó bastante en contestarme, casi dos semanas, si no recuerdo mal.

La primera vez que hice el tratamiento que ella me sugirió, con Gonal F., Ovitrelle y Duphaston, y me bajó la regla aunque todavía seguía tomando las pastillas, no se lo podía creer y me indicó que en el siguiente ciclo tendríamos que subir la dosis. La segunda vez, en vez de tomar una pastilla de Duphaston 50mg, tomé dos (100mg) y más de lo mismo, la regla me bajó antes de tener que dejarlas.

En su respuesta a mi email me dijo que entendía que quisiera irme de vacaciones sin pensar mucho en el Kinderwunsch y que la próxima vez lo íbamos a conseguir, que no me rindiera. También me escribió una frase que estuvo resonando en mi cabeza durante varios días: “Pues sí, parece que al final sí se trata de una falta de progesterona. En el próximo tratamiento tendré que tenerlo en cuenta y suministrarle una dosis bastante superior”. De nuevo “falta de progesterona”, como ya me dijeron en marzo del 2012…

Adjunté una copia de este email a los demás documentos que tenía que llevarle a la endocrino (¿recordáis la cita por la que tuve que esperar 3 meses? Ya os contaré en otra entrada cómo me fue porque no tiene desperdicio y se merece su propia entrada) y este argumento fue el que me ayudó a conseguir que ésta me recetara una dosis más alta de progesterona, en este caso, de Utrogest (comercializado en España como Utrogestan).

Durante tres ciclos he estado tomando dos cápsulas diarias, es decir, 200mg, y aunque todavía no me ha bajado la regla, creo que ya puedo decir que este tratamiento (si es que se le puedo llamar tratamiento, claro) también ha fracasado.

Empecé a tomarlas cuando todavía estaba en la playa y los dos primeros ciclos creo que no tuve ningún efecto secundario. Sin embargo, al volver a Alemania y estando ya empezando el tercer  ciclo, empecé a tener varios.

El primero de todos, la apatía, de la que ya padezco desde que empecé con la píldora hace 7 años. ¡Pero es que este mes estoy más apática que nunca en toda mi vida!

Además quería todo el tiempo estar sola, cosa rara en mí porque, en estado normal, lo que más me gusta es estar rodeada de gente, charlar, tomar algo con amigos… Pero nada, me pasé varias semanas tirada en el sofá, leyendo todo el día o viendo alguna peli más romántica de lo habitual. Sí quedé con alguna amiga de vez en cuando pero a veces salía de casa más obligada que por ganas.

Lo que más me preocupa es que a veces ni siquiera quería ver a mi marido, todavía no entiendo por qué. Sentía como que perdiera mi libertad, que si él volvía a casa me iba a sentir obligada a levantarme del sofá, a dejar mi libro a un lado, a ver una película que él quisiera ver también, a compartir el mando a distancia con él, que iba a tener sentimientos de culpabilidad por no querer mover el culo y, para evitar todo eso, prefería que él tardara más en llegar del trabajo. Ahora lo pienso y me siento superridícula pero, bajo los efectos de la progesterona, mi cabeza era incapaz de convencer a mi cuerpo de que en condiciones normales él es lo que más quiero en el mundo y de que no puedo vivir sin él.

Y ya que hablo de él, también debería mencionar que a mitad de este último ciclo he discutido con él más de lo que lo he hecho en todos los años que llevamos juntos. Cualquier cosita que él hiciera me sacaba de quicio y hacía que el dragón que hay en mí echara fuego por la boca. A veces era por cosas que en condiciones normales también me molestan un poco pero en muchas ocasiones me molestaban cosas que en realidad hasta me gustan. En definitiva, que este mes he estado hecha una cascarrabias del copón y que he estado inaguantable. Sólo espero que él haya entendido que ésa no era yo y que me haya podido perdonar.

Y casi olvido hablaros de lo patosa que me he sentido estas últimas semanas: lapsus de conocimientos (incluso de las cosas más básicas), lentitud mental y de reflejos, problemas de movilidad, dificultades a la hora de conducir… ¡Si hasta sacando el coche del garaje me choqué contra una pared y arranqué uno de los espejos! ¡No os imagináis lo estúpida que he llegado a sentirme!

Y, por desgracia, eso no ha sido todo. Este mes además estoy teniendo otros síntomas más físicos.

Hoy estoy en el día 26 del ciclo y llevo ya 3 ó 4 días con dolores en los pechos, como si estuvieran duros e hinchados, aunque al tocarlos no noto que hayan aumentado de tamaño. También me duelen los pezones cuando los toco, pero ni éstos ni las aureolas me han cambiado de color (ni de tamaño).

El abdomen me ha estado doliendo también varios días, como si quisiera bajarme la regla y no pudiera. Una de las noches pasadas incluso me desperté por la noche de los dolores. Un rollo tener que estar cada dos por tres mirando si ha bajado ya o no… Hoy es el primer día que empiezo a no sentir tanto el abdomen, pero los últimos días hasta creía que tenía más barriga de lo normal. ¡Lo que me faltaba!

No sé cuándo me bajará la regla. Los primeros dos ciclos de Utrogest han sido algo más cortos que los anteriores e incluso a partir del día 21 ó 22 ya tenía la maldita Schmierblutung. Este ciclo, sin embargo, ya estoy en el día 26 y de la Schmierblutung, todavía ni rastro.

El prospecto habla de otros efectos secundarios que han sido observados (muy) frecuentemente (cansancio, somnolencia, depresión, náuseas, mareos, bajada de tensión, reacciones alérgicas...) y otros con menor frecuencia (trombosis, tumores, infarto de corazón o cerebral, cáncer de endometrio…), así que puedo estar contenta de que por ahora “sólo” haya sufrido los efectos secundarios de los que os he hablado, porque no sólo en el prospecto, sino también en internet hay historias para no dormir sobre los efectos secundarios que puede provocar el Utrogest.

Ahora a esperar a que me baje la regla y a ver lo que viene después…

Como ya os he dicho en “¡He vuelto!”, para noviembre pediré una nueva cita en el KiWuZe y a ver si esta vez hay más suerte… Eso sí, por mi parte queda descartado otro ciclo con Utrogest.

Por cierto, os dejo dos fotos de la caja en la que venían las cápsulas. Como podéis ver, se trata de una caja de Utrogestan, en español, a la que le han pegado unas pegatinas con la información del medicamento en alemán. El prospecto, dentro de la caja, venía a su vez en alemán, claro está.



No sé por qué motivo (seguro que por ahorrarse los cuartos) las farmacias alemanas pueden adquirir los medicamentos en otros países de la Unión Europea. No es la primera vez que me dan medicamentos con cajas en otros idiomas (de hecho, creo recordar que el primer Gonal F. que compré estaba en húngaro) con pegatinas y prospectos en alemán.

Y eso es todo por hoy. En mi próxima entrada os contaré si al final me ha bajado la regla o qué. Hasta entonces, un abrazo a todas y gracias por leerme.

miércoles, 1 de octubre de 2014

¡He vuelto!

Me ha costado mucho decidirme pero aquí estoy de nuevo.

“¡Menudas vacaciones se ha pegado la tía!”, habréis pensado todas, y lo cierto es que no puedo quejarme porque este verano he disfrutado mucho, sobre todo de España, de la familia, de los amigos, del sol… pero la verdad es que ya hace muchas semanas que volví al trabajo y que las vacaciones, por desgracia, las tengo ya casi olvidadas.

Lo que sí se ha tirado cuatro meses de vacaciones ha sido mi infertilidad, y no, no es que me haya quedado embarazada y esté ya en el cuarto mes, sino que durante estos cuatro meses no he pensado casi en la infertilidad y, sobre todo, no he dejado que me amargue la vida.

Cuando me bajó la regla a finales de mayo, día en el que escribí la última entrada de mi blog, decidí afrontar mi problema de infertilidad de manera diferente a como lo había estado haciendo hasta ahora. Casi dos años de decepciones, preocupaciones, frustraciones… no me habían servido de nada, así que había que probar el método que tantos recomiendan: “Relájate”, “no te obsesiones”, “no pienses tanto en el tema”, “no calcules”…

Cuatro meses he probado este método y, aunque ahora sé que no ha servido para nada, ¡que me quiten lo “bailao”! No os imagináis lo bien que me ha venido tener la mente despejada, no dejar que nada ni nadie (incluido internet) me recordara la desgracia que estaba viviendo, no estar pendiente de si me baja la regla o no, de si tengo síntomas de embarazo o dejo de tenerlos… ¡De verdad que ha sido toda una liberación!

Pero el verano ya ha pasado y seguir escondiendo la cabeza debajo del ala no va a hacer que el problema desaparezca, así que he decidido volver a tomar las riendas de mi vida “infértil” y hacer algo para solucionarlo.

Y aunque por cuestiones que ahora no merece la pena comentar he decidido esperar hasta noviembre para volver al KiWuZe, he decidido que lo primero que quiero hacer es volver a abrir mi tenderete virtual y compartir mis sentimientos con vosotras.

Eso sí, que sepáis que no lo habría hecho si no fuera por todos los mensajes que me habéis dejado en la última entrada del blog: que si cuándo vuelvo, que si estáis deseando que vuelva a escribir, que si me vais a echar de menos (¡jajaja, me ha llegado al alma el mensaje de Anónimo preguntando si pienso escribir o si hay que esperar hasta el año que viene!)…

De verdad, muchas gracias a todas por todos esos comentarios y por ese montón de buenos deseos. Sin vosotras ahí no sé si habría sido capaz de volver a escribir.

Y muchas gracias también a ti, Birgitte, por haberme dado un premio. ¡Me ha hecho tanta ilusión! Yo ausente total del mundo virtual y cuando vuelvo… ¡sorpresa! ¡Mil gracias! Me pongo con él en los próximos días, ¡versprochen!

Y a las demás autoras de blogs, sólo pediros un poco de paciencia. He leído algunas cosas, pero todavía no he tenido tiempo de comentar. También lo haré en cuanto tenga un momento.

Me alegra haber vuelto.

Me alegra que estéis ahí.

Estoy deseando ya ponerme a escribir la siguiente entrada, así que… ¡hasta pronto!

lunes, 2 de junio de 2014

Cerrado por vacaciones

Pues al final tenía yo razón y parece que Murphy sólo hace de las suyas para putearme. Para darme una alegría, que es lo que me habría gustado esta vez, no estaba el señor por aquí :(

Pero como ya os dije, no me voy a derrumbar, ya que sólo puedo verle cosas buenas al hecho de no estar embarazada este mes y de ahí el título de esta entrada.
¡Me voy de vacaciones!

Unos días en España, con la familia y visitando a algunos amigos, no me van a venir nada mal.

Y así se lo he hecho saber también a la Doctora T., a la que he escrito un email diciéndole que quiero disfrutar del verano (y de las vacaciones) como si éste fuera el último de mi vida (al menos sin hijos) y que por eso hasta septiembre no iba a volver a pasarme por su consulta.

Estoy segura de que este tiempo va a servirme para cargar pilas y volver en septiembre con muchísima más energía y más optimismo para enfrentarme a los nuevos tratamientos que se le ocurran a la Doctora T. y sus colegas. Quién sabe, a lo mejor hasta me sienta tan bien que ni siquiera tengo que volver al KiWuZe porque me quedo embarazada de manera natural haciendo el amor en una playa desierta al solecito español revitalizante.

Por aquí espero volver antes, ya que de momento me voy sólo dos semanitas. Si cuando vuelva de las tan esperadas vacaciones, tengo algo interesante que contar, no dudéis que vendré a hacerlo. Si no, ya volveré en septiembre a contaros cómo sigue todo en el KiWuZe.

Hasta entonces, os deseo muchísima suerte con esos tests de embarazo que os vais a hacer y mucho ánimo para afrontar los nuevos tratamientos que os propongan. Espero que a la vuelta seáis muchas las que me estéis esperando por aquí para darme más de una buena noticia.

Muchísimas gracias por haberme leído todos estos meses.

Un abrazo,

Cigüeña

lunes, 26 de mayo de 2014

Cómo aumentar las posibilidades de embarazo

Espero que ninguna de vosotras hayáis entrado aquí buscando trucos o pócimas mágicas para quedaros embarazadas inmediatamente porque lo que voy a contaros aquí no tiene nada que ver con eso, sino más bien con mi relación con mi amigo Murphy. Ya sabéis, el de “si algo puede salir mal, saldrá mal” o el de la tostada que siempre cae por el lado de la mantequilla.

Digo que es mi amigo porque muchas veces creo que este hombre rige mi vida de tal manera que provoca situaciones de lo más surrealistas. Unas buenas, otras menos buenas.

Una típica situación “Murphy” es, por ejemplo, llevar todos los días el paraguas en el bolso y que haga siempre un sol radiante y que el único día que me dejo el paraguas en casa se ponga a diluviar (está claro que esto era cuando vivía en España porque lo de “siempre un sol radiante” aquí se da poco). O que yo todos los días llegue puntual a la estación y mi tren siempre tenga retraso (sí, los trenes alemanes no son tan puntuales como los pintan) y que el único día que yo llego con unos segundos de retraso el tren haya llegado a su hora y me deje allí plantada en el andén.

¿A cuántas de vosotras no os han pasado cosas así nunca?

Lo peor es cuando hablas con otras mujeres sobre tus deseos de quedarte embarazada. Todas (todas, todas) las que ya tienen hijos siempre tienen una de estas historias con las que esperan animarte (y lo único que consiguen es que te creas la persona con peor suerte del planeta): que si no bebieron durante meses alcohol y justo el ciclo en que se tomaron una copita se quedaron embarazadas, que si se tiraron meses haciéndose tests de ovulación y justo el mes que echaron un polvo rápido sin pensar en los días fértiles tuvieron su positivo, que si dejaron de viajar por miedo a estar embarazadas y justo el mes que reservaron avión para ir a Cancún descubrieron que iban a ser mamás y tuvieron que cancelar el viaje... Y como éstas, mil y una historias más.

Como ya sabéis, yo llevo ya casi dos años buscando bebé, dos años tomando ácido fólico, dos años sin beber alcohol, dos años tomándome la temperatura, haciéndome tests de ovulación, renovando mi seguro de cancelación de viajes, etc., etc., etc.

Y… ¡hasta aquí hemos llegado! Esta vez he decidido jugar con juego y ver si Murphy de verdad existe.

Este mes ya no he podido resistirme a la tentación y me he tomado un par de cervecitas y un par de copitas de champán. Cada una un día, claro, no de golpe. Es que ahora con el buen tiempo y los Biergarten

Además, con el buen tiempo y por la época del año que es, la presencia de polen en el aire se ha hecho de nuevo insoportable y en contadas ocasiones he tenido que tomar antihistamínicos. En el prospecto dice que no hay riesgo para las embarazadas pero yo, por si acaso, evito tomarlos en la medida de lo posible. Este mes, de verdad, no quedaba otro remedio.

Otra cosa es la cita con el endocrino, que la tengo en julio y por la que llevo casi dos meses esperando. ¿No sería una pena que por fin alguien se dignara a hacerme análisis de todas las hormonas que participan en el ciclo menstrual y que son vitales para un embarazo y que justo ahora estuviera embarazada y no pudiera hacérmelos?

Tampoco hay que olvidarse del vuelo que compré hace dos meses para irme a España la semana que viene. Y ya no sólo es que me haya comprado el vuelo, es que además le he anunciado ya a todo el mundo cuándo llego, cuántos días voy a estar y qué planes tengo y con quién. ¿Tendré que cancelarlo y darle explicaciones a todo el mundo?

¿Y no sería una pena también que tuviera que dejar de publicar mi blog justo ahora que la cigüeña empieza a despegar?

Sí, yo creo que hay motivos suficientes para que este mes me dé positivo el test de embarazo. Este mes el “el mes” porque… se lo estoy poniendo a huevo al Murphy, ¿no creéis?

Si, según la cultura popular, al beber alcohol una sola vez durante la búsqueda aumenta las posibilidades de quedarse embarazada y si lo mismo pasa al tomar medicamentos, reservar un vuelo, tener una cita con un médico al que no puedes ir estando embarazada, o no desear el embarazo justo ese ciclo porque prefieres pasarte el verano en la playa sin preocuparte de lo que le pueda pasar a tu bebé en el avión, entonces…

¡estoy embarazada!

Pero como no sea así, me van a oír todas las mujeres que se empeñen de nuevo en contarme historias como las que he os contado antes. Y no sólo estas mujeres, también los médicos que me mentan las estadísticas sobre la efectividad de los métodos que quieren probar conmigo.

¡Señores, déjense de rollos!

Y, sí, señor Murphy, ya veremos en los próximos días si vuelve usted a hacer de las suyas.